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lunes, 4 de febrero de 2013

Masoquismo

¡Feliz mañana lunera!

¿Cómo empezamos la semana? Y ya de paso el mes, porque sin darme ni cuenta se me ha echado febrero encima. De verdad que siendo au pair, y yo creo que en general estando en el extranjero, el tiempo hace cosas extrañas. Siento que estas tres semanas se me han pasado más que volando y, por otra parte, no me creo que sólo hayan sido tres semanas. Me siento como si llevase aquí (en Cambridge) tres meses. Es increíble que sin comerlo ni beberlo ya me quede poco más de la mitad del tiempo que me propuse estar en Inglaterra. Y a la vez me han pasado más cosas desde aquel fatídico 15 de octubre que aterricé en este país de las que me pasan en un año normal de mi vida. Así que sí, sin duda aquí es tiempo no corre a a misma velocidad que en España.

Pero el motivo principal de mi blog es contaros una novedad introducida recientemente en mi rutina y también explicaros como son ahora las cosas con esta nueva familia, ya que aun no os he contado nada. ¿Y por qué el título de la entrada? Pues por la novedad: tengo otro trabajo. Había una lucha interna dentro de mí desde hacía un tiempo, entre la necesidad de tener tiempo libre para conocer gente, viajar, salir, que es para lo que estamos aquí, y el deseo de ganar algo más de dinero. Pero buscar otro trabajo estaba complicado de todas maneras, porque mis horarios son muy impredecibles y porque necesito mucha flexibilidad para poder ir a casa, para cuando vengan a visitarme, etc. La semana pasada una amiga me pasó un anuncio en el que pedían a alguien para hacer babysittings un par de veces a la semana con un niño de 20 meses. Sin mucha convicción les escribí un correo explicándoles mi situación y mis horarios locos. Aun así me dijeron que me pasase el sábado por su casa para hablar. Estuve a punto de no ir, porque en fin, tener una niñera para depender de los horarios de ella en vez de ser al revés suena ridículo. Pero fui. Y menos mal, porque el karma será puñetero conmigo a veces, pero esta vez me ha guiñado un ojo. La madre, D., me explicó que sólo necesita alguna noche libre para salir con su marido al cine o donde sea, y que cuando sepa los días que tengo libres se lo diga y ella ya se organiza. Para más alegría, el 14 se van un mes de viaje y coincide con la visita de J., por lo que no voy a tener que estar preocupada de si tengo que trabajar o no. Y ya ayer mismo hice el primer babysitting, de 2 a 5 de la tarde. Iba un poco asustada, temiéndome lo peor, pero fue todo como la seda. El niño es un amor y se entretiene él sólo perfectamente, y a las 4 se tumbó en el sofá y se quedó esnucado. Y por estar allí mirando como jugaba el crío y viendo la tele me saqué 20 pounds. ¡Ya era hora de que me saliese algo bien! Pero me siento un poco masoca, porque ya no voy a tener tanto tiempo libre y porque, "no gustándome los niños", no hago más que trabajar con ellos.

Aun así el domingo no fueron todo dichas. Se suponía que el sábado iba a cuidar de las niñas por la noche, pero a la madre le pareció una idea estupenda que, en vez de eso, me las dejaba aquí a dormir. Por la noche todo fue medianamente bien, pero por la mañana, además de despertarme a las 7 de la mañana (un maldito DOMINGO!), y por ende no estar yo para ninguna fiesta, se portaron fatal. La guinda del pastel fue que la madre me dijese que venía a buscarlas a las 10 y apareciese a las 11.30. Y encima aun no me ha pagado la semana pasada (sabe que me la debe, pero todos los días se le olvida sacar el dinero). Os podéis imaginar la situación, podía sentir el humo saliéndome de las orejas. Pero bueno, un día lo tiene cualquiera, y en esta "profesión" cada noche hay que hacer borrón y cuenta nueva y despertarse dispuesta a hacerlo todo un poco mejor.

Y es que no tengo mucho de lo que quejarme, la verdad. No madrugar es una bendición de dios. De fijo, trabajo lunes, martes y miércoles, de 3.20 que recojo a las niñas a... lo que sea. Antes de las 8 no me suelo ir, aunque venga pronto la madre, porque siempre ayudo con la hora del baño y del cuento. Y si la madre viene tarde pues ya, lo que sea. Lo que más tarde me he llegado a quedar son las 11. Pero bueno, que a las 8 meto a las niñas a la cama y lo más que tengo que hacer es ver la tele. El jueves no trabajo. Y el resto de la semana es a suerte o muerte. Si el papá se las lleva el fin de semana, milagro que aun no he presenciado, ya no trabajo más. Pero si no, tengo que trabajar el viernes igual, y probablemente, sábado o domingo, hacer un babysitting. Pero bueno, ya os digo que en general está muy bien, me pagan muy bien para lo que hago y tengo todas las mañanas para mí, no tengo que limpiar... Nada más que jugar con las niñas, tenerlo todo un poco recogido y hacer la cena. Como ya os he dicho anteriormente, mi situación actual no tiene ni la más remota comparación con la que tenía en Henham, y aun así estando allí me decía a mi misma que no debería quejarme porque vivía bien. ¡Ay, que alma más cándida!

Os dejo por ahora, debería hacer algo más con mi vida que estar apalancada en el sofá con el ordenador. Mi pie está ya perfectamente, sin necesidad de ir al médico al final, por cierto. Gracias a los que me habéis preguntado y os habéis preocupado. Disfrutad de la semana, ¡sed felices!

viernes, 18 de enero de 2013

Cambio radical

Nota aclaratoria: Parece ser que ha habido cierta confusión acerca de con quien vivo. Cuando en la anterior entrada puse: El trabajo tiene una peculiaridad, y es que no viviría con ella y las niñas (es mamá divorciada), sino con el padre de ella y la novia del mismo, lo que quería decir que vivo con el padre de la madre de las niñas, es decir, con el abuelo de las niñas, y con la novia del abuelo. Se que esto ha dado pie a confusiones y que algunos habéis interpretado que vivo con el padre de las niñas, pero eso si que hubiese sido realmente peculiar...

Iba a titular a estar entrada "Queen of tragedy", por lo melodramático de la última entrada, pero creo que dado el tema del que voy a hablar este título es más apropiado. Realmente no sobreactúo ni exagero las cosas, soy una persona que siente las emociones con mucha intensidad, de manera que cuando estoy bien estoy genial y no me acuerdo de los ratos en los que estoy de bajón, pero también al contrario, cuando estoy mal estoy echa polvo y no consigo recordar por qué estoy aquí ni por qué estaba tan ansiosa por regresar. Volver a encontrarte sola en una ciudad nueva cuando ya habías hecho amigos con los que estabas encantada, y el pánico de que te vuelva a tocar una familia "mala" no ayudan nada tampoco. Afortunadamente el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación y al final nos acabamos acomodando a todo.

Si incluso pude "acostumbrarme" a estar en aquella casa de locos de Henham, como no iba a acabar estando a gusto aquí, y mucho más rápido como podéis ver. Ahora con todo en perspectiva puedo ver lo explotada y mal que me trataban en la otra casa, pero no contenta con esto, el martes tuve una conversación muy interesante que le echó más leña al fuego. Por la noche fui a una quedada que hacen todos los martes las au pairs de Cambridge y alrededores, y finalmente pude conocer a R.M., la au pair que estuvo con la familia de Henham antes que yo. A parte de compartir cotilleos salió uno asunto que me dejó flipando y me hizo sentirme afortunada de haber cambiado de familia. Resulta que cuando R.M. trabajó con ellos, ellos tenían a una limpiadora para la casa, pero no era muy buena, así que R.M. se ofreció a hacerlo ella si, obviamente, la pagaban extra el mismo dinero que le pagaban a la limpiadora. Y resulta que yo lo estaba haciendo también sin que me pagaran nada extra... unbelievable. ¿Cómo alguien que está podrido de dinero, que se puede permitir de sobra tener a una limpiadora, o al menos pagarle algo extra a la au pair por el cleaning, puede ser tan rata? Así que aquí va mi consejo: APRENDED DE MIS ERRORES Y NO DEJÉIS QUE OS EXPLOTEN. Porque anda, mira que a mi no se me caen los anillos y no me importa trabajar, limpiar, sonar mocos, limpiar culos... pero el colmo de los colmos es que te estén sangrando y encima te miren todo el día por encima del hombro o te echen en cara como disfrutas de tu tiempo libre. Pero en fin, eso se quedó en el pasado, ahora más que nunca le he dado carpetazo a esa familia.

Y he de reconocer que, sin embargo, no tengo más que buenas palabras para con esta nueva familia. El trabajo es exactamente lo que se me dijo, recoger a las niñas 3 veces por semana y estar con ellas, jugar, llevarlas a las actividades, hacerles la cena, bañarlas y dejarlas preparadas para la cama si la madre llega tarde. Aunque el martes estuve en la casa echando una mano, el miércoles ya comencé por mi cuenta, y la verdad es que estar con ellas no sólo no es ninguna tortura como con las otras niñas, sino que me gusta. Son un poco trasto y a veces hay que ponerlas un par de minutos en el rincón para que se calmen, porque se ponen a dar voces y a catunarse de lo lindo, pero son cariñosas y dulces conmigo y no me faltan al respeto, se las puede dar una abrazo y un beso sin que se aparten y te pongan mala cara...son niñas, normales y corrientes, ¡por fin! Pues lo dicho, que el miércoles tampoco es que hiciera nada del otro mundo. No se me pide que limpie, sólo que lo tenga todo recogido, así que fregué cacharros, puse platos en el lavavajillas, doblé la ropa seca y puse a secar la que estaba en la lavadora, mandé a las niñas a recoger sus cuartos, no se, cosas muy light, y sin embargo cuando llegó la madre todo fueron palabras de agradecimiento y de que estaba haciendo un gran trabajo. Incluso se ofreció a pedirme un taxi para volver a casa porque hacía mucho frío. Así que ya veis, no hay color.

Y con respecto a los abuelos y la convivencia en su casa, es un placer no vivir con las niñas y poder desconectar auténticamente de tu trabajo en tu tiempo libre. Los abuelos son los compañeros de piso ideales, desayunamos juntos si coincidimos, me dejan comida hecha si hacen de más, se van a hacer su vida... Realmente ahora si que me sale del corazón quedarme charlando con ellos en la cocina o ver juntos la tele si coincide. El otro día fueron a comprar y me preguntaron que qué quería que comprasen para mi. Son pequeñas cosas pero que todas juntas hacen que, al menos de momento, todo sea completamente distinto. Otras cosas que han resultado ser una mejora sustancial es que tengo wi-fi, televisión y DVD en mi habitación, una bici monísima con cestita de la que estoy enamorada (de la bici, no de la cesta XD), que no tengo que madrugar (hoy sí que las nenas se quedaron aquí, pero por regla general no)... Y para más inri, los abuelos se van hoy y tengo la casa para mi tres semanas y media, aunque reconozco que no me gusta vivir sola y que les voy a echar bastante de menos.

¡Así que ya veis! Ahora mi preocupación es que tengo mucho tiempo libre y nada que hacer con él, y creo que, de tener una preocupación, esa es la mejor que puedes tener. Vuelvo a estar ilusionada otra vez y con el pensamiento de que esta vez va a funcionar bien. Tal vez me estoy precipitando y algo salga mal, nunca se sabe, pero bueno, también me puede caer un tiesto en la cabeza y morirme mañana, no se puede vivir constantemente preocupada de que qué saldrá mal. A veces pienso que me he quedado un poco traumatizada con la experiencia con la otra familia y por eso estoy un poco cardíaca y a la que salta, pero espero que a medida que vaya viendo que todo marcha correctamente me vaya relajando.

¿Veis como no soy una persona tan amargada y negativa? ¿Veis como era la otra familia que me estaba chupando mi energía vital? Así que voy a disfrutar de la suerte que he tenido esta vez, que no debería ser suerte, debería ser siempre así, que no somos criadas ni mulas de carga, ni supernanny, y que somos personas con sentimientos que agradecen un poco de calidez y cariño. Con esta reflexión os dejo preparaditos para entrar en el fin de semana, ¡hurra! 

martes, 15 de enero de 2013

Un nuevo comienzo

Estaba releyendo el primer post que escribí cuando llegué a Henham, y el post que escribí cuando hice un mes en Inglaterra, y no puedo parar de pensar en lo curiosas que comos las personas. Y es que me parece un poco triste e increíble que todo lo que pasé y superé en Henham me da la sensación ahora de que no me ha servido de mucho, porque me siento como la primera vez que llegué aquí. Y si, leyendo los dos post se ve que me acostumbré y conseguí quitarme de encima esa angustia permanente (a costa de un viaje a casa), pero pienso que no es justo, que yo ya viví esto, que ya debería tenerlo superando y que no se si tengo fuerzas para pasar por todo otra vez.

Y es que es realmente y con todas las palabras "un nuevo comienzo", como os digo, casi como si llegara por primera vez. Vuelvo a no tener ganas de comer, a no dormir bien, a estar agotada sin haber hecho nada y a sentirme muy sola cuando estoy... bueno, sola. Pero no es solo eso. Acostumbrarse a vivir en casa de extraños es algo difícil y yo, que he estado compartiendo piso y allí si que conseguía con el tiempo sentirme en mi salsa, creo que esta situación es diferente y que a mi me resultaría prácticamente imposible sentirme como en mi casa en la casa de otra persona. Así que los primeros días /semanas siempre vas andando de puntillas para no hacer ruido y molestar, con miedo a coger comida y cocinarla por si resulta que se suponía que eso no podías comerlo, sintiéndote fuera de lugar todo el tiempo.

Pero bueno, os cuento como trascurrió el día de ayer. Después de ir a por la maleta por la mañana (esa fue una historia curiosa también, os la contaré en otro momento), hacer unos recados, comer y dejar pasar el tiempo, fui hasta a estación (con la ayuda de mi anfitriona, M., que me ha tratado como una reina el rato que he estado en su casa), cogí un taxi y me planté en la casa. Me recibieron, nos presentamos, las niñas (que con 6 y 8 años son casi tan altas como yo) me dieron unas postales que me habían hecho, llevamos mis cosas a mi habitación (que aunque tiene tele no me gusta tanto como la otra que tenía y tengo poquísimo espacio para mis cosas), y cenamos. Las niñas no me han parecido especialmente mansas ni tranquilas, así que en parte estoy inquieta por haber salido de guatemala para llegar a guatepeor (dichos de mi madre, sorry), la madre y la novia del abuelo (T.) han sido encantadoras, y el abuelo un poco brusco y seco. Y nada, así están las cosas. La cuestión es que las primeras impresiones al final dan igual, porque todos intentamos parecer maravillosos, es luego el día a día lo que cuenta, y aun es muy pronto para saber como será eso.

Hoy es el primer día de trabajo, tengo que ir a las 3 con la madre a buscar a las niñas y llevarlas a clase de danza (creo). Y con un poco de suerte podré ir al "meeting" de las au pairs, que es hoy a las 9 en un pub, y así puedo conocer gente nueva, que me hace falta. Así que os dejo de momento, voy a ver si consigo comer algo y tengo que marchar enseguida (no se exactamente donde está la casa de la madre, espero no perderme.... Os seguiré teniendo al tanto de las novedades y de la mejoría que espero que vaya sintiendo poco a poco. Bye!