Aunque la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha, hoy voy a hacer una excepción y os voy a explicar no sólo la primera, sino unas cuantas reglas que deberás seguir religiosamente si no quieres volver a España con una camisa de fuerza.
Y es que cuando estás buscando familia todo el mundo te promete que esto será algo a lo "Sonrisas y lágrimas", que irás dando por ahí saltitos, cantando con una guitarra en la mano, que serás como una hermana, la mejor amiga de los niños. Que haréis juntos un montón de actividades super divertidas y educativas y ese será tu trabajo. Sólo tengo una cosa que decir a esto: JA!
Si este trabajo se parece a alguna película, es sin duda al susodicho club de la lucha. Te dan a un número indeterminado de niños sin domesticar, a los que nunca jamás les apetecerá hacer nada de lo que les propongas y, por supuesto, nada de lo que deben: bañarse, recoger sus cuartos, vestirse, irse a la cama... Pero al mismo tiempo te perseguirán todo el rato diciéndote "¿a qué jugamos?", "¿y qué hacemos?". Mira niñ@, tu puñetera habitación parece un Harrods (después de un tornado). Deja de darme la murga y vete por ahí un rato. Y parece que cuando están los padres la cosa debería ser más fácil, pero no. Para dejarte a ti en ridículo y desautorizada totalmente le irán a los papis con todo tipo de ridículas peticiones que a solas contigo ni se les ocurriría pedir ni tu les dejarías bajo ningún concepto (comer uvas en la bañera, por ejemplo, cosa que me pasó el martes), y que los progenitores de las criaturas consentirán porque vienen cansados de trabajar y claro, como van a invertir 5 minutos de su valioso tiempo libre en educar a sus hijos, que para eso está esta chica en sus 20 a la que acabo de conocer. Considero que si en ese mismo momento no coges un cuchillo y protagonizas tu propia matanza de Texas, te pueden dar el premio a la au pair del año. Pero de estas habrá muuuchas, tendrás cicatrices en la lengua de mordértela, mareos del veneno (espera... esa igual soy sólo yo), muchas cosas reconcomiéndote por dentro. Por eso, ahí van unas cuantas pautas que ayudarán a mantenerte lejos de las instituciones mentales:
Regla nº 1: JAMÁS TRABAJES EN TUS DÍAS LIBRES: Es la regla de oro. Da igual que a la casa se la esté comiendo la mierda, o que los niños se estén abriendo la cabeza los unos a los otros. Es más, intenta estar en la casa lo menos que puedas, sal, queda con alguien, tomate algo. O si vives en medio de la nada y no siempre puedes quedar con alguien pues ve a correr o a dar un paseo, lo que sea. Pero trabajar no, porque es tu tiempo libre por algo.
Regla nº 2: Cíñete a tus tareas: Si has pactado con los padres que sus labores son, por ejemplo, planchar la ropa de los niños, no planches también la de los padres. Se muy bien que al principio todas queremos ser bien agradecidas, demostrar que valemos, que no estamos aquí en plan parásito. Pero primero, más vale esperar a ver si la familia se lo merece, porque todos ponemos nuestra mejor cara los primeros días pero luego a la larga nos acabamos viendo las verrugas, y segundo, lo que tu ves como un favor ellos lo acabarán tomando por costumbre, y el "oh muchas gracias por planchar la ropa, que detalle" pasará a ser "¿Por qué no está nuestra ropa planchada?" el día que no te de tiempo a hacerlo o simplemente no te apetezca.
Regla nº 3: Respira hondo y cuenta hasta 10: Evitará que le claves un tenedor en el ojo a padres e hijos más de una vez.
Regla nº 4: Lo que digan los padres va a misa: Aunque a ti te parezca absurdo, cada uno educa a sus hijos como quiere. Fíjate en lo que los padres les consienten y no les consienten e intenta seguir esa pauta. Aunque a ti te chirrien los dientes al ver ciertas cosas, no es asunto tuyo.
Regla nº 5: Aprende a pasar: J. me dio un buen consejo el otro día. De nada vale enfrentarse a los niños que cuidas, estar machacándolos constantemente con que hagan bien las cosas, con que tengan buenos modales, con que se comporten, con que respeten a los demás... más que para que te cojan manía. Luego te vas a dar la vuelta y los padres van a estropear en un segundo el trabajo de toda la semana. Pero aun más, tu te irás dentro de unos meses y la siguiente au pair no va a hacer las cosas como tu, así que no merece la pena tanta angustia y pelea. Si no están tirando al gato por la ventana, haciendo malabares con cuchillos o prendiendo fuego a la casa, déjalos hacer.
Regla nº 6: No te lo tomes como algo personal: Creo que esta fue la única cosa de valor que me dijo mi antigua host. Los niños no tienen la misma memoria a largo plazo que los adultos. En un momento dado les castigas y te odian y ya no te van a querer nunca jamás de los jamases porque eres la peor au pair de la historia y quieren a su mami, y al minuto siguiente estás jugando con ellos a algo y eres la repera. Y no hay más. Así que cada noche haz borrón y cuenta nueva y retén sólo lo bueno. Ayer las niñas y yo no tuvimos un día muy bueno, pero por la noche P., la pequeña, me puso una pegatina de un gato rosa, que me encanta, en el jersey. La he pegado en la pantalla del portátil para mirarla cada día y recordar que, a pesar de todo, estoy participando en algo muy bonito, que es ayudar a unas niñas a crecer y a convertirse en personas valiosas, y que aunque sólo sea por unos meses, dejaré una huella en sus vidas, y por eso he de intentar hacerlo cada día un poco mejor.
Que ser au pair no es como te lo pintan, eso está claro. Pero no quiere decir que tenga que ser malo. No se me ocurre qué podría haber hecho en este año de mi vida que me hubiese valido más, para aprender sobre mi misma, sobre mis capacidades y limitaciones, sobre las personas. Y con esta profundísima reflexión os dejo, que mañana viene la señora de la limpieza y, en fin, irónicamente no quiero que se encuentre la casa echa un desastre, así que voy a ordenar un poquitín. Un besito corazones!