Mostrando entradas con la etiqueta tiempo libre. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tiempo libre. Mostrar todas las entradas

jueves, 7 de febrero de 2013

Primera regla del club de la lucha

Aunque la primera regla del club de la lucha es no hablar del club de la lucha, hoy voy a hacer una excepción y os voy a explicar no sólo la primera, sino unas cuantas reglas que deberás seguir religiosamente si no quieres volver a España con una camisa de fuerza.

Y es que cuando estás buscando familia todo el mundo te promete que esto será algo a lo "Sonrisas y lágrimas", que irás dando por ahí saltitos, cantando con una guitarra en la mano, que serás como una hermana, la mejor amiga de los niños. Que haréis juntos un montón de actividades super divertidas y educativas y ese será tu trabajo. Sólo tengo una cosa que decir a esto: JA! 

Si este trabajo se parece a alguna película, es sin duda al susodicho club de la lucha. Te dan a un número indeterminado de niños sin domesticar, a los que nunca jamás les apetecerá hacer nada de lo que les propongas y, por supuesto, nada de lo que deben: bañarse, recoger sus cuartos, vestirse, irse a la cama... Pero al mismo tiempo te perseguirán todo el rato diciéndote "¿a qué jugamos?", "¿y qué hacemos?". Mira niñ@, tu puñetera habitación parece un Harrods (después de un tornado). Deja de darme la murga y vete por ahí un rato. Y parece que cuando están los padres  la cosa debería ser más fácil, pero no. Para dejarte a ti en ridículo y desautorizada totalmente le irán a los papis con todo tipo de ridículas peticiones que a solas contigo ni se les ocurriría pedir ni tu les dejarías bajo ningún concepto (comer uvas en la bañera, por ejemplo, cosa que me pasó el martes), y que los progenitores de las criaturas consentirán porque vienen cansados de trabajar y claro, como van a invertir 5 minutos de su valioso tiempo libre en educar a sus hijos, que para eso está esta chica en sus 20 a la que acabo de conocer. Considero que si en ese mismo momento no coges un cuchillo y protagonizas tu propia matanza de Texas, te pueden dar el premio a la au pair del año. Pero de estas habrá muuuchas, tendrás cicatrices en la lengua de mordértela, mareos del veneno (espera... esa igual soy sólo yo), muchas cosas reconcomiéndote por dentro. Por eso, ahí van unas cuantas pautas que ayudarán a mantenerte lejos de las instituciones mentales:

Regla nº 1: JAMÁS TRABAJES EN TUS DÍAS LIBRES: Es la regla de oro. Da igual que a la casa se la esté comiendo la mierda, o que los niños se estén abriendo la cabeza los unos a los otros. Es más, intenta estar en la casa lo menos que puedas, sal, queda con alguien, tomate algo. O si vives en medio de la nada y no siempre puedes quedar con alguien pues ve a correr o a dar un paseo, lo que sea. Pero trabajar no, porque es tu tiempo libre por algo.

Regla nº 2: Cíñete a tus tareas: Si has pactado con los padres que sus labores son, por ejemplo, planchar la ropa de los niños, no planches también la de los padres. Se muy bien que al principio todas queremos ser bien agradecidas, demostrar que valemos, que no estamos aquí en plan parásito. Pero primero, más vale esperar a ver si la familia se lo merece, porque todos ponemos nuestra mejor cara los primeros días pero luego a la larga nos acabamos viendo las verrugas, y segundo, lo que tu ves como un favor ellos lo acabarán tomando por costumbre, y el "oh muchas gracias por planchar la ropa, que detalle" pasará a ser "¿Por qué no está nuestra ropa planchada?" el día que no te de tiempo a hacerlo o simplemente no te apetezca.

Regla nº 3: Respira hondo y cuenta hasta 10: Evitará que le claves un tenedor en el ojo a padres e hijos más de una vez.

Regla nº 4: Lo que digan los padres va a misa: Aunque a ti te parezca absurdo, cada uno educa a sus hijos como quiere. Fíjate en lo que los padres les consienten y no les consienten e intenta seguir esa pauta. Aunque a ti te chirrien los dientes al ver ciertas cosas, no es asunto tuyo.

Regla nº 5: Aprende a pasar: J. me dio un buen consejo el otro día. De nada vale enfrentarse a los niños que cuidas, estar machacándolos constantemente con que hagan bien las cosas, con que tengan buenos modales, con que se comporten, con que respeten a los demás... más que para que te cojan manía. Luego te vas a dar la vuelta y los padres van a estropear en un segundo el trabajo de toda la semana. Pero aun más, tu te irás dentro de unos meses y la siguiente au pair no va a hacer las cosas como tu, así que no merece la pena tanta angustia y pelea. Si no están tirando al gato por la ventana, haciendo malabares con cuchillos o prendiendo fuego a la casa, déjalos hacer.

Regla nº 6: No te lo tomes como algo personal: Creo que esta fue la única cosa de valor que me dijo mi antigua host. Los niños no tienen la misma memoria a largo plazo que los adultos. En un momento dado les castigas y te odian y ya no te van a querer nunca jamás de los jamases porque eres la peor au pair de la historia y quieren a su mami, y al minuto siguiente estás jugando con ellos a algo y eres la repera. Y no hay más. Así que cada noche haz borrón y cuenta nueva y retén sólo lo bueno. Ayer las niñas y yo no tuvimos un día muy bueno, pero por la noche P., la pequeña, me puso una pegatina de un gato rosa, que me encanta, en el jersey. La he pegado en la pantalla del portátil para mirarla cada día y recordar que, a pesar de todo, estoy participando en algo muy bonito, que es ayudar a unas niñas a crecer y a convertirse en personas valiosas, y que aunque sólo sea por unos meses, dejaré una huella en sus vidas, y por eso he de intentar hacerlo cada día un poco mejor.

Que ser au pair no es como te lo pintan, eso está claro. Pero no quiere decir que tenga que ser malo. No se me ocurre qué podría haber hecho en este año de mi vida que me hubiese valido más, para aprender sobre mi misma, sobre mis capacidades y limitaciones, sobre las personas. Y con esta profundísima reflexión os dejo, que mañana viene la señora de la limpieza y, en fin, irónicamente no quiero que se encuentre la casa echa un desastre, así que voy a ordenar un poquitín. Un besito corazones!

lunes, 4 de febrero de 2013

Masoquismo

¡Feliz mañana lunera!

¿Cómo empezamos la semana? Y ya de paso el mes, porque sin darme ni cuenta se me ha echado febrero encima. De verdad que siendo au pair, y yo creo que en general estando en el extranjero, el tiempo hace cosas extrañas. Siento que estas tres semanas se me han pasado más que volando y, por otra parte, no me creo que sólo hayan sido tres semanas. Me siento como si llevase aquí (en Cambridge) tres meses. Es increíble que sin comerlo ni beberlo ya me quede poco más de la mitad del tiempo que me propuse estar en Inglaterra. Y a la vez me han pasado más cosas desde aquel fatídico 15 de octubre que aterricé en este país de las que me pasan en un año normal de mi vida. Así que sí, sin duda aquí es tiempo no corre a a misma velocidad que en España.

Pero el motivo principal de mi blog es contaros una novedad introducida recientemente en mi rutina y también explicaros como son ahora las cosas con esta nueva familia, ya que aun no os he contado nada. ¿Y por qué el título de la entrada? Pues por la novedad: tengo otro trabajo. Había una lucha interna dentro de mí desde hacía un tiempo, entre la necesidad de tener tiempo libre para conocer gente, viajar, salir, que es para lo que estamos aquí, y el deseo de ganar algo más de dinero. Pero buscar otro trabajo estaba complicado de todas maneras, porque mis horarios son muy impredecibles y porque necesito mucha flexibilidad para poder ir a casa, para cuando vengan a visitarme, etc. La semana pasada una amiga me pasó un anuncio en el que pedían a alguien para hacer babysittings un par de veces a la semana con un niño de 20 meses. Sin mucha convicción les escribí un correo explicándoles mi situación y mis horarios locos. Aun así me dijeron que me pasase el sábado por su casa para hablar. Estuve a punto de no ir, porque en fin, tener una niñera para depender de los horarios de ella en vez de ser al revés suena ridículo. Pero fui. Y menos mal, porque el karma será puñetero conmigo a veces, pero esta vez me ha guiñado un ojo. La madre, D., me explicó que sólo necesita alguna noche libre para salir con su marido al cine o donde sea, y que cuando sepa los días que tengo libres se lo diga y ella ya se organiza. Para más alegría, el 14 se van un mes de viaje y coincide con la visita de J., por lo que no voy a tener que estar preocupada de si tengo que trabajar o no. Y ya ayer mismo hice el primer babysitting, de 2 a 5 de la tarde. Iba un poco asustada, temiéndome lo peor, pero fue todo como la seda. El niño es un amor y se entretiene él sólo perfectamente, y a las 4 se tumbó en el sofá y se quedó esnucado. Y por estar allí mirando como jugaba el crío y viendo la tele me saqué 20 pounds. ¡Ya era hora de que me saliese algo bien! Pero me siento un poco masoca, porque ya no voy a tener tanto tiempo libre y porque, "no gustándome los niños", no hago más que trabajar con ellos.

Aun así el domingo no fueron todo dichas. Se suponía que el sábado iba a cuidar de las niñas por la noche, pero a la madre le pareció una idea estupenda que, en vez de eso, me las dejaba aquí a dormir. Por la noche todo fue medianamente bien, pero por la mañana, además de despertarme a las 7 de la mañana (un maldito DOMINGO!), y por ende no estar yo para ninguna fiesta, se portaron fatal. La guinda del pastel fue que la madre me dijese que venía a buscarlas a las 10 y apareciese a las 11.30. Y encima aun no me ha pagado la semana pasada (sabe que me la debe, pero todos los días se le olvida sacar el dinero). Os podéis imaginar la situación, podía sentir el humo saliéndome de las orejas. Pero bueno, un día lo tiene cualquiera, y en esta "profesión" cada noche hay que hacer borrón y cuenta nueva y despertarse dispuesta a hacerlo todo un poco mejor.

Y es que no tengo mucho de lo que quejarme, la verdad. No madrugar es una bendición de dios. De fijo, trabajo lunes, martes y miércoles, de 3.20 que recojo a las niñas a... lo que sea. Antes de las 8 no me suelo ir, aunque venga pronto la madre, porque siempre ayudo con la hora del baño y del cuento. Y si la madre viene tarde pues ya, lo que sea. Lo que más tarde me he llegado a quedar son las 11. Pero bueno, que a las 8 meto a las niñas a la cama y lo más que tengo que hacer es ver la tele. El jueves no trabajo. Y el resto de la semana es a suerte o muerte. Si el papá se las lleva el fin de semana, milagro que aun no he presenciado, ya no trabajo más. Pero si no, tengo que trabajar el viernes igual, y probablemente, sábado o domingo, hacer un babysitting. Pero bueno, ya os digo que en general está muy bien, me pagan muy bien para lo que hago y tengo todas las mañanas para mí, no tengo que limpiar... Nada más que jugar con las niñas, tenerlo todo un poco recogido y hacer la cena. Como ya os he dicho anteriormente, mi situación actual no tiene ni la más remota comparación con la que tenía en Henham, y aun así estando allí me decía a mi misma que no debería quejarme porque vivía bien. ¡Ay, que alma más cándida!

Os dejo por ahora, debería hacer algo más con mi vida que estar apalancada en el sofá con el ordenador. Mi pie está ya perfectamente, sin necesidad de ir al médico al final, por cierto. Gracias a los que me habéis preguntado y os habéis preocupado. Disfrutad de la semana, ¡sed felices!

viernes, 4 de enero de 2013

Un/a au pair diferente


Lo se, o no publico en tres semanas u os bombardeo con posts, pero ahora aquí, en mi casa, con mi madre ocupándose de todo (Dios bendiga a las madres) tengo más tiempo libre del que puedo desear.No, en serio, a veces desearía no tener tanto tiempo libre, que me aburro. Pero bueno, ¡nunca llueve a gusto de Itziar!

El objetivo de este post de "desetiquetar" un poco el concepto de au pair. Muchos blogs sobre este tema empiezan con una descripción de lo que es trabajar de au pair: horas semanales, paga, tareas, etc. Y a ver, ¡que levante la mano quien trabaje de esto y cumpla esa definición! (sonido de grillos y bola de paja pasando al estilo del lejano oeste...). Seguro que hay personas que se adaptan más o menos fielmente, pero por mi experiencia una gran cantidad no lo hacemos. Yo, por ejemplo, hacía un cleaning mucho más exhaustivo de lo que se le suele pedir a una au pair, y la colada, que si se suele pedir, yo no la hacía. 

Otros tipos de au pairs no sólo no se ajustan a la definición, sino que se salen completamente de ella. Veamos algunos ejemplos:

  • Au pair masculino: No es que yo crea que los chicos no puedan ser au pairs, pero vamos a reconocerlo, cuando piensas en una au pair piensas en una chica. Pero no, los au pairs chicos son más comunes de lo que parecen, yo conozco a varios que hacen estupendamente su trabajo. Las familias suelen tener algún reparo de más, pero muchos chicos se deciden también por esta opción.
  • Au pair en pareja: Todos conocemos ya a Lucía y Jairo, y su estupendo blog. Ellos trabajan juntos como au pair, viven en una cottage cerca de la casa principal y cada uno se ocupa de sus tareas. Se suele precisar una pareja para casas grandes y fincas que requieran mucho mantenimiento y que tengan un espacio extra para acoger a la pareja, que necesita su propio espacio e intimidad. Si yo llego a saber esto cuando J. estaba en paro... ¡Pero en fin!
  • Au pair de perros: Si, au pair de perros, me habéis leído bien. Conozco a un chico que trabaja de esto, y sinceramente a mi me parece un chollazo, porque seamos sinceros, implica muchísima menos responsabilidad y es más divertido. No conozco todas las tareas que la familia le exige, pero tiene que ser interesante.
  • Housekeeper: Hay familias que, más que un au pair, necesitan a una chica de la limpieza. Mismamente hoy acabo de leer una oferta de aupair-world en la que un hombre que vive con su hijo adolescente necesita a alguien que limpie, cocine, y en general tenga la casa arreglada. Esto ya depende de cada persona, yo preferiría este tipo de trabajo que otro con niños (de hecho les he escrito).


Seguro que hay más tipos de au pairs, pero yo de momento sólo conozco estos. La conclusión es que, al final, lo único que vale es lo que la familia te pida que hagas y lo que tú acuerdes con ellos. A ti te puede parecer genial cuidar de 4 niños pero no estas dispuesta a tocar la aspiradora, y otra persona limpia lo que haga falta pero no esta dispuesta a cambiar un pañal. Cada persona es un mundo y cada familia también.

Y nada más por hoy. Esperaba haber hablado con la familia de Londres, ayer, pero no me llamaron. Hoy me han escrito que hoy a las 9 (hora española) me llaman, así que mañana os contaré a ver que tal. Y ahora me marcho a seguir comprando regalitos de Reyes... ¡Reyes, bien! A mí ya me han dado mi primer regalo, 100 euracos que me vienen caídos del cielo. Mañana más, ¡chau!

lunes, 24 de diciembre de 2012

A otra cosa mariposa

Supongo que habréis notado mi ausencia, pero han sido unos días muy agitados y difíciles que han derivado en la finalización de mi relación laboral y personal con la familia. ¿Qué ha pasado? ¿No era todo buen rollo y felicidad en el último post? La intención estaba ahí, pero cuando algo no funciona, no funciona, y no tiene sentido ninguno aguantar por orgullo, por comodidad, por cualquiera que sean los motivos.

Pero mejor que me explique. Lo que seguís mi blog con cierta regularidad sabéis que estaba teniendo ciertas dudas y problemillas con la familia y el área en el que vivía: la actitud de E., los detalles feos de mis hosts, las dificultades a la hora de salir del pueblo a determinadas horas. Hacia las semanas de la visita de J. estuve a punto de hablar muy seriamente con la familia, pero finalmente, después de muchas lágrimas, muchas conversaciones con personas que me quieren y muchas frases del tipo "pues si tan mal estás allí busca otra cosa" decidí no tomar ninguna decisión drástica antes de Navidad y, como os comuniqué en el último post, intentarlo con todas mis ganas.

Pero cuando vives y tienes que ver cada día a unas personas con las que realmente no has conectado llega un momento en que la presión tiene que salir por algún sitio. El miércoles pasado S. (la madre) estaba enferma y se quedó en casa. A media mañana estaba colocando los platos limpios cuando me empezó a preguntar si ya había empezado con mis maletas, parecía una cháchara sin más importancia hasta que me soltó "¿Tu quieres volver después de Navidad?". Uy...malo. Con  cara de "no se muy bien como va a acabar esto" me volví y le dije "VOY a volver después de Navidad". Y ella "Ya, pero... ¿QUIERES?" Y que coño, no, no quería. Empecé diciéndole que si que volvía pero que había que trabajar mucho con las niñas y acabé diciéndole, con lágrimas en los ojos y guiada por su propia sugerencia, que si, que me tomaría el día para pensarme si me volvía o no, pero más con el no en la cabeza que con el sí. ¿Qué ocurrió entre medias de esa conversación? Pues muchas cosas. Ella me echó muchas cosas en cara que no me parecieron nada justas, lo extraño es que nada de lo que me dijo estaba relacionado con la calidad de mi trabajo, si acaso que ella no veía la conexión y el cariño entre las niñas y yo que debería de haber después de 10 semanas cuidándolas. Pero la mayoría de las cosas estaban relacionadas con mi tiempo libre: que desaparezco en cuanto ellos llegan a casa (cosa que no es verdad, siempre me quedo por allí por si me necesitan y les repetí hasta la saciedad que me lo dijeran si necesitaban algo), que estoy siempre metida en mi habitación, que nunca me reúno con ellos para hacer nada en la casa (como que el día que hubo un apagón y no bajé con ellos a hacer nada al salón con la chimenea), que hay días que no me ven en todo el día y que parece que espero a que ellos hayan cenado para bajar a cenar yo. 

Vale, esa es su versión de la historia. La mía es que me están reclamando una cercanía que no me ofrecen a mi, que no entienden que provengo de otra cultura en la que no cenamos a las 6 de la tarde, que paso de las 7 de la mañana a las 5 y pico de la tarde con las niñas y que necesito mi tiempo y mi espacio cuando ellos llegan, a pesar de no haberles negado nunca a las niñas mi atención cuando me la han reclamado, y que ellos ni nunca me invitan a ir a ninguna parte cuando salen (así que no entiendo que se quejen de que no hago nada con ellos...¿nada en la casa?) y nunca, nunca han hecho prácticamente nada por mi, ni tener un detalle ni ayudarme con nada (buscando la bici, los cursos de inglés, poniéndome en mi habitación una tele que no usan para nada y que está guardada debajo de MI cama...), nada a parte de pagarme regularmente. Así que no entiendo nada. Si me estuviesen reclamando una negligencia en mi trabajo podría entenderlo, pero no voy a cambiar mi forma de ser, mi forma de disfrutar de mi ocio, por su capricho. No paraba de repetirme que no me sienten como parte de su familia, ¿pero no te das cuenta de que no soy parte de tu familia

Así que después de un día muy duro, de consuelos, cafés, conversaciones, decisiones, sentimientos de fracaso y de tristeza, aquí estoy, en España y sin ningún lugar al que volver en Inglaterra. Esa noche les comuniqué que después de todas mis dudas, aquella conversación fue el empujón que necesitaba para tomar mi decisión, y que no iba a volver. Todo fue muy civilizado, amable y polite, ellos me agradecieron que lo intentase y yo que me dieran la oportunidad. Pero cuando me di cuenta de que había tomado la decisión correcta fue al día siguiente. Antes de que las niñas se fueran a la escuela fui a hablar con ellas. Les puse la televisión en silencio, me senté en frente de ellas y les dije que no iba a volver después de Navidad, pero que iba a ir a la casa una au pair genial y simpática que las querría mucho, y que me tenían que prometer que se iban a portar muy muy bien con ella. Su respuesta "Ok" y gestos evasivos con la cabeza para seguir viendo la tele. Pues nada, o yo soy una au pair terrible o de verdad tenía que salir de esa casa (o ambas...).

Pero tengo la firme intención de volver, no se si como au pair o para buscar trabajo, pero voy a volver. Tan firme es mi intención que mi maleta grande con casi todas mis cosas mundanas sigue allí. Pero por ahora estoy disfrutando de un tiempo bien merecido con mi familia. Siento que este post no es de muy buena calidad, pero no tengo mucho tiempo con el trajín navideño para escribir algo como dios manda, sólo quería comunicaros este gran cambio en los acontecimientos. Os mantendré al tanto de las novedades. Pero ahora...

QUE DISFRUTEIS DE LA NOCHEBUENA, Y ¡FELIZ NAVIDAD!


P.D.: La familia está buscando au pair, obviamente. Que yo no me adaptase no quiere decir que otra persona que sea más afín a ellos no vaya a ser feliz allí. Si alguien quiere intentarlo por favor, que deje un comentario y buscaré la manera de ponerme en contacto. Yo prometo estar siempre disponible para ayudar en todo lo posible. Por otro lado, si alguien tiene información sobre alguna familia que busque au pair o alguna oportunidad laboral le agradecería que me lo dijese. Este blog NO se acaba aquí, no os vais a librar de mi. Esta es sólo otra parte del camino, otra cosa que te puede suceder si te vas de au pair, y que incluso estoy contenta de que me haya pasado porque ahora puedo ofrecer una perspectiva de esta experiencia. Mucha gente va con miedo "¿Y si no me va bien con la familia?". Bueno, pues ya podéis ver que si no os va bien con la familia no es el fin del mundo ni muchísimo menos. Y ahora, a disfrutar de la comida de Navidad. ¡Un besito corazones!